Sunday, October 22, 2006

Lo barato puede salir caro

  • La clave para la venta de comida callejera reside en la forma en que se lleva a cabo el comercio del producto, acción que muchas veces no se efectúa con la sanidad correspondiente.



En el mundo de hoy, donde cada segundo cuenta, optar por comer algo de rápida preparación en la vía pública resulta ser inevitable. Pero por otro lado, la necesidad inmediata de saciar el hambre puede transformarse en una acción comprometedora a largo plazo si la elección del alimento no es la adecuada.

La mayoría de los consumidores no se preocupan si los puestos de venta cumplen con los requerimientos básicos para su asentamiento, ni si los alimentos ofrecidos son manipulados con algún grado de sanidad (utensilios de cocina, guantes, etc.). Ciertamente una despreocupación que puede salir caro.

“Nunca he recibido alguna queja de los clientes, son fieles y saben que lo que vendo es de calidad. Además, todos mis productos son adquiridos diariamente, lo que asegura que mis compradores se lleven algo fresquito”, dijo Laura Osorio, vendedora de sopaipillas, empanadas y golosinas.

Los compradores no deben de preocuparse por los productos envasados, ya que basta con mirar la fecha de vencimiento para certificar su estado. Sin embargo, existen alimentos de cocción como las empanadas, sopaipillas, vienesas, entre otros, que requieren artefactos esenciales en su preparación.



Todo sitio de venta debe cumplir con ciertos requerimientos mínimos para legalizar su instalación, entre los cuales destacan medios adecuados para la eliminación de desechos, refrigeración, condiciones adecuadas de almacenamiento y agua potable.

“Muchas veces resulta difícil poder cumplir con todas las reglas. Llevo varios años en este rubro, y cada cierto tiempo trato de mejorar el aspecto y los utensilios que ocupo en mi pequeño puesto de trabajo. Si no fuera bueno, difícilmente se me acercarían compradores”, explicó Laura Osorio, vendedora callejera.

Un punto favorable, principalmente para el consumidor, es lo económico de esta alternativa. “Es imposible resistir el olor de la comida, además de ser una opción rápida y muy favorable para el bolsillo”, aseguró Ramón Castro, frecuente comprador de alimentos callejeros.

Hay que dejar en claro que no todas las alternativas callejeras son perjudiciales para la salud. Lo importante para el vendedor es cumplir con las exigencias para la venta, dejando así satisfecho al consumidor, para evitarse sorpresas que lideren a la cancelación de una fuente de ingreso estable en nuestro país y el mundo.

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1 comment:

Aida Fardinez said...

Felipe:

Muy pobre tu reportaje. Cuando titulas que lo barato puede salir caro, generas expectativas porque uno piensa que va a encontrar información importante sobre enfermedades, costos, cuidados que hay que tener con la comida, etc etc, cosas que no mencionas en tu trabajo.

Faltó ahondar más en el tema y tener a un entrevistado de más peso como por ejemplo alguien del Sesma, o a un Doctor.

Nota: 3.5